lunes, 6 de septiembre de 2010

La educación en una diversidad de miradas

Una de las dificultades a las que se enfrente un estudianta que quiere plantear un objeto de estudio está relacionada con el abordaje teórico. Esto porque muchas veces,quienes cursan sus estudios de licenciatura o maestría (sin que necesariamente se excluya a algunos estudiantes de doctorado, siento yo), poco dimensionan la necesidad de desarrollar hábitos de lectura que les permitan un acercamiento teórico a sus objetos de estudio.

De allí que sea necesario comenzar a generar algún tipo de estrategia para que las nuevas generaciones de estudiantes se den la oportunidad de acercarse al mundo contemporáneo desde miradas disciplinarias, que si bien no renuncian a un abordaje escrito, también den cabida a otro tipo de opciones informativas; después de todo, si algo caracteriza a estos tiempos es precisamente la forma en que vivimos días de deslocalización de los lugares desde dónde se posibilita un aprendizaje.

Al respecto, no son pocos los autores que vienen señalando la necesidad reconocer los nuevos estadios por donde pasa el conocimiento. A tal grado, que hablan de la pertinencia para que los académicos nos atrevamos a desmarcarnos de nuestras certezas y reconozcamos que la letra impresa ha dejado de ser la única privilegiada para recrear o nombrar al mundo. De la misma forma, hoy se asegura que es necesario recuperar el aprendizaje oral y visual como para acompañar a las nuevas generaciones en una experiencia educativa multimodal. Es decir, no sólo es el aula el contexto para vivir aprendizajes significativos, también pueden ser otros escenarios o dispositivos provistos por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

En este punto, creo razonable regresar al inicio de estas reflexiones como anclar en algunas perspectivas supuestos que pueden estar definiendo la gestión educativa en estos tiempos cuando las TICs se promueven como recursos para potenciar los saberes institucionales además de aquellos otros que en la vida cotidiana construimos. Cómo comprender esa incorporación si no aceptamos que hay un transito cognitivo promovido por tales dispositivos, los cuales convertidos en plataformas creativas, pueden complementar o dar mayor solidez al proceso de enseñanza-aprendizaje que se planea y decide desde la institución educativa formal.

Así, si bien autores como Bourdieu y Foucault en su momento cuestionaron la manera en que la educación como institución del estado reproduce distintos tipos de violencia al pensarse desde el disciplinamiento de las libertades del hombre, hoy es posible recuperar algunas de sus tesis pero ponderando algunas de sus propuestas, sin dejar de mencionar la necesidad de observar lo educativo desde una mirada global que se reconcilie también con lo local. Atreverse a construir maneras de explicación o entendimientos acorde a los escenarios o contextos educativos en los que nos movemos, hoy día es necesario. No se está en desacuerdo con sus tesis, pero siempre será oportuno hacer un anclaje en el presente y ciertas circunstancias, para lo cual la mirada crítica que promueven le de cobijo al pensamiento en nuestro presente.

Después de todo, como sujetos sociales, en la medida que participamos de y en una sociedad, hay un orden de vida que administra nuestras prácticas, define las maneras en que nos relacionamos y posibilitamos nuestros hábitos. Es verdad entonces que hay un mundo que nos vigila, disciplina y sanciona; por lo que con otras palabras, como institución la escuela es un espacio discursivo para la legitimación, la vigilancia, la sanción y la disciplina. Esto lo recuperamos de los autores mencionados, como también la necesidad de adecuar sus premisas a cada circunstancia.

En esta búsqueda de entendimientos, también puede ser oportuno recuperar a autores como Habermas o Derridá. El primero por la importancia que le concede a la acción comunicativa, mientras que el segundo por la propuesta deconstructivista desde la que podemos repensar lo educativo. Con miradas críticas desde perspectivas distintas, siento que ambos autores promueven un punto de inflexión académico donde el pensamiento reflexivo tiene cabida. Habernas apuesta por una educación democrática, para lo cual el espacio escolar institucionalizado debe ser un espacio dialógico, donde la interacción entre los agentes educativos hagan significativos sus encuentros. O sea, actos de reconocimiento que generen encuentros cobijados por una moral social donde la ética, la comunicación y lo educativo devengan procesos de ecología humana. En tanto, Derridá promueve una actitud crítica, de constante cuestionamiento desde el propio seno educativo, tras plantear que la escuela administra y controla, por lo que se debe promover una actitud entre los sujetos educativos que cuestione y desmonte los discursos que la caracterizan como institución.

He aquí un planteamiento interesante si se piensa que cuando se quiere realizar una investigación, el interesado por lo menos debe aprender a leer los escenarios, a ubicar en contextos específicos sus problemas, por lo tanto, aprender a desarrollar una mirada crítica, reflexiva, sin abandonar lo atrevido como para interpelar sus propias certezas, a cuestionar lo que sabe y ha aprendido como para comenzar a navegar en los mares de la incertidumbre propia de quien desea ensanchar sus conocimientos.

En cualquiera de los casos, si queremos entender parte del fenómeno educativo, me parece razonable acompañarse de autores que han venido diciendo cosas en torno a la educación, sus contextos, sus agentes, sus propias doxas. Es decir, indagar en los imaginarios, las representaciones o las mismas concepciones que como estudiante formado académicamente tiene, como para comenzar a vivir una experiencia de ruptura epistémica que lo coloque en los umbrales de su propia reinvención. Aquí sí, aprovechar lo que sabe formalmente como aquello otro que ha recogido a través de su andar y navegar en otros ámbitos de la vida cotidiana, donde las tecnologías pueden ser un referente significativo.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

Algunas preguntas finales como para iniciar un curso

Genaro Aguirre Aguilar


 

Hemos entrado a la segunda semana de clases.

Como suele ocurrir con cada periodo que inicia, las expectativas no nos han abandonado ni se han dormido en sus laureles, al contrario, al cabo de las primeras sesiones el tono ámbar de mis incertidumbres, se ha revelado contundente: como estudiantes de nuevo ingreso, quienes ahora cursan conmigo la experiencia educativa Introducción a los métodos de las Ciencias Sociales, son estudiantes de primera inscripción, es decir recién egresados de sus bachilleratos. Los mismos junto a quienes hemos hecho un par de ejercicios que han permitido ubicar algunos de sus saberes, pero también y de manera especial esas consideraciones que los muestran como los seres humanos que son. Y es que a partir de una primera actividad, recuperamos algunas de sus experiencias formales e informales: aquello que como personas los define, sin dejar de considerar los conocimientos previos adquiridos en el terreno de las ciencias.

Ambos aspectos son especialmente importantes, pues como ya he dicho en la entrega anterior, tratamos de echar a andar un programa de investigación en el que vinculamos la docencia con la investigación, la producción y distribución de conocimientos con la extensión universitaria. Al respecto, nada tan aleccionador para un profesor universitario como ser interpelado por un grupo de estudiantes a quienes les "late" preguntar ¿qué son las ciencias sociales?, ¿qué es un campo de conocimientos?

Significativas preguntas si tratamos de ubicarlas en un horizonte comprensivo, pues no sólo revela un estado del saber, también confirma la necesidad de situar un proceso de enseñanza. En el entendido que situar un proceso de enseñanza, es el acto de ubicar en un contexto histórico, social y cultural aquellas estrategias que pretenden posibilitar un significativo proceso de aprendizaje.

Es decir, reconocer que vivimos y habitamos la ciudad y puerto de Veracruz, estamos en la Universidad Veracruzana, particularmente en la facultad de Comunicación, frente a estudiantes de primera inscripción, por lo tanto un micro universo donde lo diverso, plural, asimétrico e inequitativo está presente como para definir parte de la complejidad que representa abordar el contenido de una Experiencia Educativa que pretende sentar las bases de la línea de formación en investigación.

Algo interesante que se desprende de todo esto, es saber que ellos tienen bien claro forman parte de una generación cada vez más acostumbradas a generar ambientes de socialización, reconocimiento y organización gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, por lo tanto me han solicitado que las sesiones puedan ser más prácticas que teóricas.

He aquí la oportunidad –creo yo- para experimentar con algunas estrategias donde las tecnologías estén presentes. No por menos, hemos acordado que una sesión a la semana sea virtual, esto por una necesidad horaria que me han planteado, misma que ha dado oportunidad de institucionalizar un día donde el trabajo será el línea. Es decir, las dinámicas del trabajo docente serán cercanas a una modalidad distribuida.

Entiendo como igual lo saben ellos, que deberán desarrollar otras actitudes, ciertas habilidades, incluso competencias, pues cuando a lo tecnológico se le da un toque de "formalidad", las cosas no salen igual que cuando son lúdicas.

Total que trataremos de hacer de esta primera ocasión, una experiencia gozosa. Aun cuando entendemos que no siempre las primeras veces, salen como uno las imagina. Mientras, he quedado con ellos en el tipo de sesión virtual así como los recursos de los que comenzaremos a echar mano próximamente. A partir de esto, he de preguntarme: ¿existen las condiciones y voluntades como para diseñar estrategias de mediación y aprendizaje que permitan potenciar las habilidades, los saberes de estudiantes y facilitadores en una experiencia emergente como la aquí planteada?, ¿tendré la habilidad para diseñar y gestionar un aprendizaje basado en competencias como las que me demandará esta nueva generación de estudiantes de licenciatura?, ¿encontraré resonancias en ellos aún cuando sé de lo complicado que es mediar un aprendizaje por las formas de relación que tienen estas juventudes con el mundo?, ¿entre lo lúdico formal y lo gozoso informal que potencian las nuevas tecnologías, la creatividad o el oficio docente, pueden ser recursos oportunos para generar aprendizajes? Queden aquí estas interrogantes.


 

martes, 24 de agosto de 2010

En torno a un programa de investigación

Hace algunos años en un texto del sociólogo Jeffrey Alexander, leía por primera vez el término "programa fuerte de investigación". En aquella obra el autor realizaba un análisis de los programas de investigación que han sido más importantes en las ciencias sociales para el análisis de la cultura, experiencia que de una u otra forma dejó una semilla que con los años germinaría en lo que hoy sin duda forma parte de un proyecto que hemos comenzado a definir.

Como hemos comentado aquí mismo en un texto anterior, formo parte del Cuerpo Académico Entornos innovadores del aprendizaje,
adscrito al programa de posgrado de la Facultad de Pedagogía. De las tres líneas de investigación que cultivamos sus miembros, soy coordinador de una: Gestión y mediación educativa, de la que a su vez se desprenden tres sublíneas: a) Comunicación y saberes para la diversidad, b) Didáctica para la enseñanza y la investigación, c) Heurística y tecnologías para la enseñanza y el aprendizaje.

Seguro que muchos ya lo saben, pero la conformación de Cuerpos Académico es una política que se viene impulsando desde la federación (incluso por parte de organismos internacionales) con el objetivo de promover la conformación de grupos colegiados que tengan como premisa el trabajo colaborativo orientado hacia la investigación, la producción y divulgación de conocimientos, en el marco de una gestión académica que promueve lazos de participación, de vinculación y el diálogo entre otros grupos de académicos.

Pues bien, es en esta tesitura que los profesores de tiempo completo estamos obligados a constituir grupos de trabajo para optimizar la diversidad de nuestras cargas académicas, pero también y especialmente para eficientar procesos u optimizar recursos tanto como energías que cotidianamente invertimos en nuestra tarea académica.

Son pues estas algunas de las razones que nos han llevado a planear y diseñar un Programa de Investigación que permita la conformación de una experiencia colaborativa centrada en el desarrollo de competencias y habilidades para la investigación en la que puedan participar docentes y estudiantes de los niveles superiores.

Es decir, la implementación de un plan de trabajo integral que forme capital humano en la investigación, contribuya a la generación de un pensamiento crítico y reflexivo a través de experiencias investigativas, pero que igualmente promueva el diálogo de saberes interdisciplinario entre los participantes e invitados.

Este programa de investigación, tendrá como directrices: 1) la promoción de acciones para la formación disciplinar y teórica, 2) el diseño e implementación de un proyecto matriz de investigación, 3) la implementación de un seminario permanente para el análisis de fenómenos contemporáneos y objetos de estudio relacionados con las líneas de investigación del C.A y 4) el diseño de una plataforma de comunicación virtual para el trabajo colaborativo y en red.

En el entendido que este programa de investigación procurará la constitución de un entramado para articular recursos, saberes y anhelos, hemos apelado a colegas cercanos y distantes para incorporarse a un plan de trabajo que se muestra complejo pero viable. Es decir, buscamos conjugar la docencia, la investigación y la vinculación, a sabiendas que los dilemas no serán menores en virtud de hacerlo por primera vez de manera institucional, donde también es cierto que esperamos participen estudiantes de licenciatura y posgrado, además de diversas instituciones educativas.

Este programa de investigación se define a partir de la implementación de un seminario de investigación que hemos intitulado Investigación y cibercultur@ para la innovación de los aprendizajes, en este programa como en el proyecto matriz de investigación en el que actualmente trabajamos, habrá una suma de esfuerzos, de voluntades, de responsabilidades y emocionalidades que esperamos enriquezcan la base de aprendizajes y conocimientos que en su conjunto tenemos; seguros también de una disposición para detonar nuevas travesías, itinerarios que tendrán distintos puertos de llegada.

Esperemos que muchos se interesen.


 

jueves, 22 de julio de 2010

La fortuna de una decisión académica

Genaro Aguirre Aguilar

Que sea para Gustavo de Hoyos

Como decía en una entrega anterior, el diálogo es central en el trabajo que realizamos quienes nos dedicamos a la academia. No obstante también decía que nada tan distante como una cultura con propiedades dialógicas para comprender no sólo la pertinencia sino la necesidad de entender la dimensión ecológica, holística, generosa y responsable que supone construir una experiencia de trabajo colaborativo en donde la puesta en común de ideas, voluntades y responsabilidades, suponga un proceso rico por los matices y las texturas con que la experiencia de comunidad se construye.

Tras una experiencia de trabajo académico como el construido en el Grupo Comunicación y Estudios Emergentes (Cyesem), vino la ocasión de cerrar un capítulo tras la coyuntura que supuso la conclusión de una investigación interinstitucional en red cuya cereza esperamos sea la publicación de una obra colectiva editada por el grupo que coordinara la investigación.

Tras una valoración que hiciéramos, el paso siguiente fue decidir sobre la viabilidad para constituirnos en Cuerpo Académico. Sin embargo lo construido en lo colectivo como en lo individual, no daba para ello, aun con la definición de una ruta crítica que posibilitaba para este 2010 alcanzar algunos indicadores que nos colocaran -por lo menos- en los umbrales de esa constitución que hoy exige la Universidad Veracruzana, PROMEP y muchos otros organismos.

Si bien quienes colaboramos en esta primera etapa de Cyesem estamos lejos de pensar que vivimos una experiencia infructífera, pues así como hay quienes están cursando estudios de posgrado decantados en ese proceso, hay otros que seguimos andando caminos, enriqueciendo las miradas al establecer vínculos de colaboración con otros colegas, con otros organismos o instituciones educativas; en fin, agendando y redefiniendo itinerarios académicos para tratar de reinventar los caminos que hasta ahora hemos recorrido.

Es en esta tesitura que tras casi tres años de colaboración en la maestría de Didácticas de las Ciencias Sociales de la Facultad de Pedagogía en la región Veracruz, como docente, asesor y miembro del Comité Técnico de este programa de posgrado, se nos invitó a ser parte del equipo técnico en el diseño del Doctorado en Sistemas y ambientes educativos a distancia.

La experiencia como hemos tenido ocasión de comentar con algunos colegas, sin duda ha sido excelente, pues ha permitido descentrar mi experiencia disciplinaria hacia otros territorios en los que el aprendizaje ha vuelto a darse con generosidad, especialmente por la forma en que este proyecto institucional le ha dado valor al trabajo de colaboración responsable, equitativo e incluyente. En este momento estamos en la etapa previa de una autoevaluación para ver si el programa de maestría sigue formando parte de Programa Nacional de Posgrados de Calidad del CONACyT, además de haber terminado la propuesta preliminar del doctorado interinstitucional en el que también participan la UNAM, la U de G, el Politécnico Nacional y la BUAP.

La decisión de incorporarnos a este proyecto por supuesto no fue sido fácil, era desprenderse de una serie de referentes que han definido la identidad, las lógicas, la cultura docente en la que hemos madurado; así como desmarcarse de los imaginarios o desmontar parte de las representaciones que han revestido nuestra labor académica en los últimos años. Es decir, salir de una zona de confort para recorrer otros caminos y reconocer sigue habiendo mucho por andar, donde no sólo puedan seguir estando los mismos viandantes, sino andar junto a los pasos de otros colegas que han llegado hasta ahora con un cúmulo se deseos y anhelos como los que seguimos teniendo.

Es en esta tesitura que he dado el siguiente paso: ser miembro de un Cuerpo Académico del posgrado, al que hemos llamado Entornos Innovadores de Aprendizaje, del cual se desprenden tres líneas de investigación: 1) Tecnología educativa, 2) Didáctica y curriculum y 3) Gestión y mediación educativa, siendo esta última la que a nosotros nos corresponde cultivar.

Una vez más –parece-, la decisión ha sido afortunada, pues tal parece que el conjunto de proyectos en los que ahora colaboramos, los institucionales como los de vinculación con otros organismos y dependencias ajenas a la Universidad Veracruzana van dando los frutos.

Creo que de esto también se trata la vida en estos tiempos de incertidumbre líquida, en los que un ejercicio académico para una sociedad de la información, parece primordial entender los nuevos escenarios, donde el trabajo comprometido, la cultura de la organización y el establecimiento de redes de colaboración vienen dialogando más allá de su mismidad disciplinaria. Es decir, un diálogo de saberes, emociones y utopías posibles que pueden llegar a ser de una experiencia, una ecología con cualidades para reinventar la propia vida.



jueves, 10 de junio de 2010

De lo difícil que es pensarse en red

Una de las preocupaciones que tenemos quienes solemos emplear el trabajo cooperativo en el aula como estrategia para alcanzar metas compartidas además de la promoción de una serie de valores, sabemos lo difícil que resulta en un contexto como el actual, convencer a los estudiantes para que dimensionen la importancia de construir un espacio colaborativo común, donde los grupos de trabajo sean nodos articuladores de una trama educativa capaz de detonar experiencias pragmáticas como cognitivas.

Lo difícil para alcanzar a construir un sentido de pertinencia alrededor de esto no es gratuito, pues al ver las formas en que ciertos discursos legitimadores de la vida contemporánea se puede reconocer el énfasis en un individualismo competente muchas veces mal visto, algo que resulta poco funcional en tiempos cuando la literatura asegura que cuando mejor se establezcan redes de colaboración, mejor se proveerá de recursos o medios para acceder a un conocimiento más elaborado. Si bien en estos argumentos los sujetos de la reflexión son los estudiantes, qué pasa cuando de pronto los profesores también vivimos experiencias que dificultan no sólo reconocernos sino también pensarnos como una red de colaboración protocolizada.

Si en el terreno de las reformas educativas se observa el modelaje de una nueva cultura colaborativa para innovar muchos de los procesos académicos, pareciera a muchos profesores nos cuesta trabajo imaginar como posible hacer nuestros algunos de los postulados que vertebran o están en el corazón epistémico, teórico, metodológico o técnico de las políticas para la gestión y la innovación de la educación. Si en el discurso teórico se habla de sociedad de la información, del conocimiento o de sociedad red, pareciera en los espacios educativos como en las agendas o en los itinerarios personales docentes, hace falta tender los puentes para que en la vida práctica no sólo se comprenda este nuevo discurso, sino también se generen las condiciones para vivirlo en la práctica cotidiana.

Es decir, desde una actitud reflexiva pero igual pragmática, es urgente que comprendamos lo que como metáfora o condición de vida, suponen expresiones como: trabajo colaborativo o en red, comunidad de aprendizaje, comunidades o redes cognitivas, pues desde el punto de vista no sólo de la administración educativa sino también desde una epistemología del conocimiento, hace falta diseñar un programa de gestión eficaz que no sólo se conduzca por intereses individuales sino que también coloque en los horizontes de comprensión metas del orden común e institucional.

Dicho esto, consideramos razonable establecer una ponderación: históricamente hemos habitado y convivido en un espacio académico construido desde una lógica laboral que funcionó en un momento de nuestra historia, no obstante parece a algunos colegas les cuesta trabajo reconocer que es posible comenzar a pensar en un proyecto de desarrollo centrado en lo académico, lo que trae como consecuencia la ausencia de una sensibilidad para despojarse de una investidura emotiva, política o ideológica. Es decir, creo no queremos abandonar las certezas que han cobijado nuestra labor docente como para atrevernos a preguntar si estamos dispuestos a desandar los caminos para resignificar nuestras propias incertidumbres y apostar por otro tipo de agendas, por un modelo de gestión que facilite el diseño de una programa de desarrollo estratégico centrado en una colaboración responsable, viable y pertinente.

En esta tesitura, vivir una ruptura epistemológica sería lo más conveniente, pues esto permitiría cruzar los umbrales del pensamiento lineal para colocarse frente a una nueva razonabilidad que permita desdibujar las doxas, los imaginarios laborales lo mismo que ciertas concepciones académicas que suelen inhibir la oxigenación, la renovación o la reinvención de los estilos del ser y pensar académico.

Sin duda no es fácil y menos cuando nos negamos a acercarnos a los nuevos discursos de las ciencias sociales y en la práctica seguimos confiando en las certezas que definieron un mundo que ya no es. Y menos en el ámbito de una educación que demanda nuevos sujetos reflexivos, pero también prácticos, para comenzar a vivir las nuevas realidades educativos como docentes que hemos comprendido el tipo de protagonismo gestión y colaborativos que demandan las dinámicas contradictorias en un mundo neoliberal, pero donde la educación promueve otro mundo posible. Es decir, se hace urgente sumar a las experiencias socio-afectivas docentes, relaciones propias de una comunidad que aprende también de una conciencia cooperativa responsable.

domingo, 16 de mayo de 2010

EL PROFE AGUIRRE

Pongamos que tengo un solo sueño: la investigación

Genaro Aguirre Aguilar


 

Seguro para muchos que me leen lo que a continuación escribo les sorprenda, les provoque dudas o, en todo caso, piensen que algo se esconde detrás de estas líneas. Lo cierto es que quienes me conocen y han estado cercanos a mi vida personal o trayectoria docente, no les debería causar sorpresa alguna. Al contrario, comprenderían la serenidad con que tomé la decisión para hacer público lo que ahora escribo. A quienes en mí han confiado en los últimos años y saben de la pasión con que encaro las cosas, les pido relajarse pues el sentido de comunidad, de pertenencia, de fraternidad seguirá en pie y dando de qué hablar.

Puede sonar mal que lo diga, pero me parece importante en el contexto de este escrito recordar algunas cosas: provengo de una familia pobre que no tuvo la suerte de estudiar pero sí de promover entre sus hijos el valor de la palabra y una suerte de ética común que tuvo como mejor ejemplo a mi padre. Por eso espero que aquellos junto a quienes he venido construyendo caminos y posibilitando sueños, no se sorprendan, más bien esperaría asombro como para mostrar que seguimos siendo seres humanos.

Debo decir que desde hace poco más de dos años coordino un grupo de trabajo en la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana al que hemos llamado Comunicación y Estudios Emergentes (CyESEM). Nacido en una coyuntura de colaboración interinstitucional para la realización de una investigación en red, poco a poco fue dando pie a un proyecto académico que ha tenido como premisa lo afectivo en tanto propiedad de un compañerismo que reconoce lo emotivo, pero también lo efectivo para posibilitar un trabajo desde una lógica de colaboración, de voluntad y de compromiso donde seamos capaces de conciliar lo amoroso con lo responsable.

Como es de suponer, las cosas no han sido fáciles, pues tuvimos que aprender a dialogar, a pensarnos crítica y reflexivamente, por ello los encuentros como los desencuentros han sido contantes y sonantes, pero donde siempre ha prevalecido el acuerdo, el consenso propio de un grupo de colegas que hemos entendido que se puede pensar distinto, tener diferentes creencias o intereses diversos, pero donde el disentimiento constituye autoestima y dignifica la tarea docente en un proyecto que nos es común por lo que importa en nuestra vidas.

Esta experiencia de colaboración entre pares docentes, ha tendido puentes para establecer vínculos con una comunidad académica y social que no ha conocido fronteras. Digamos que han sido muchas cosas buenas las que hemos cosechado a partir de esta labor académica institucional que igual ha permitido la constitución de un espacio de académico en el que hemos invertido no sólo energías e ideas sino también recursos obtenidos a través de nuestra gestión o invirtiendo capital económico propio, pues también hemos aprendido a reconocer que para trabajar es imprescindible un espacio con la mínima infraestructura y una tecnología que facilite los procesos. Es decir, vale la pena aclarar que buena parte de lo que encuentra quien llega a nuestro espacio de trabajo ha sido producto del esfuerzo y las ganas de todos los que conformamos CyESEM.

Esta visibilidad en el trabajo que realizamos, siempre ha tenido como objetivo un proyecto académico institucional al que le preceden muchos sueños, muchas ganas, muchos deseos, propios de personas como las que conformamos este grupo de trabajo que –quizá-, no llegue a conformarse en un Cuerpo Académico pronto, pero que seguirá apostando por un trabajo como el que hasta ahora se ha hecho.

En lo personal debo reconocer que este esfuerzo colectivo igual se ha prestado a lecturas razonables pero equivocadas, pues si bien no son pocos los que se congratulan de labor hasta hoy realizada por CyESEM, hay quienes tienen la certeza que el programa de trabajo que hemos echado a andar desde hace dos años, es un plan que persigue otro tipo de fines como por ejemplo aspirar a la dirección de la facultad. A algunos de quienes han llegado a pensar en esa posibilidad como algunos amigos o conocimientos, en distintos momentos como en diferentes espacios, les he dicho que no soy una persona de ocurrencias, que bien temprano aprendí a planear mi vida, por lo tanto tras una experiencia de dirección en la Universidad Cristóbal Colón, institución educativa donde aprendí a ser mucho de lo que quizá hoy soy como académico, no tengo otra aspiración, otro sueño que no sea llegar a ser investigador. Con eso cumpliría un plan de vida que me tracé aquel día cuando a mi abuela materna, le dije que si llegaba a estudiar algún día, buscaría ser alguien en mi comunidad.

Con otras palabras diría, en mi proyecto de mediano y largo aliento está sólo dedicarme a la docencia y a la investigación. NO ASPIRO A SER DIRECTOR DE MI FACULTAD. Hoy hago público esto que para mi es un principio en plena conciencia, con los riesgos y temores propios de este tipo de manifiestos, pero también con la asertividad y transparencia con que siempre he actuado.     Como dijera mi abuela Elda, aquí no hay plan con maña. Pero igual como decía al principio, para mi la palabra sigue teniendo un valor incalculable, sigo confiando en que ella no sólo permite nombrar al mundo sino también a contribuir en el desnudamiento de las personas. Lo vuelvo a decir: no aspiro a la dirección de la FACICO. En todo caso tendría que agradecer a quienes han pensado en esa posibilidad, tanto a aquellos que verían con buenos ojos eso como a quienes tienen dudas al respecto. Si alguien no puede imaginar que esto sea posible, que no reconozcan en que esto sea un acto de honestidad, me disculpo, no puedo hacer nada más.

jueves, 29 de abril de 2010

EL PROFE AGUIRRE

HACIA UNA DIALÓGICA ACADÉMICA Y SOCIAL INCLUYENTE

La reflexión que en esta ocasión pongo a consideración viene tras una experiencia -particularmente significativa- vivida en días pasados cuando en el marco de la presentación de resultados de una investigación en red que hiciéramos un grupo de académicos de la Universidad Veracruzana, se generó un importante diálogo con los asistentes al evento. Convocados los medios de comunicación, la comunidad académica, representantes de la sociedad civil como de asociaciones partidistas, la intención era presentar algunos de los hallazgos del trabajo Diagnóstico sobre la calidad de la democracia en Veracruz.

Si bien sería importante hablar de este trabajo, en esta ocasión quiero referirme a lo urgente que es generar espacios de diálogo para que los universitarios y la sociedad en su conjunto pongan en común preocupaciones, se muestren y reconozcan como interlocutores necesarios para ensanchar el entendimiento de algunos fenómenos que son urgentes comprender en estos tiempos; pero especialmente para redimensionar el sentido de un diálogo generoso por las diversas cosmovisiones que sobre la realidad cada sujeto social tiene, en un mundo tan denso y complejo que debe obligar al encuentro en un disenso propio de las trayectorias individuales.

En esta tesitura, considero necesario repensar algunas lógicas desde las cuales los académicos solemos construir los relatos que caracterizan el conocimiento que se posee, distinto quizá pero no más significativo que aquel que en la talacha diaria otros sujetos sociales vienen construyendo y posibilitando. Después de todo, no podemos dejar de señalar el intenso y razonable debate que se ha dado en los últimos tiempos a propósito de las formas epistemológicas en que un sujeto configura sus conocimientos. Así, el científico como el académico o cualquier otra persona, tienen maneras distintas de pensar el mundo por aspectos socio-cognitivos de distinto cuño; allí travesías, itinerarios o biografías son premisas que enriquecerían un diálogo generoso.

No por menos, cada vez resulta más urgente matizar algunas categorías de análisis desde dónde la academia busca dar consistencia a sus explicaciones, pues tozuda como es la realidad en el terreno sociocultural, los tropiezos suelen ser comunes, cuanto más ante un público que desborda otros saberes. En tal sentido, el diálogo que se posibilitó el día de nuestra presentación de resultados, sin duda abrió la ocasión para que quienes hacemos investigación pero también practicamos una docencia que pretende ser responsable socialmente hablando, entendamos la necesidad de fomentar cada vez más este tipo de espacios para ese tipo de encuentros.

Precisamente y en virtud que el encuentro como los desencuentros si se leen adecuadamente pueden dar pie a un aprendizaje diferente, las dudas, las inquietudes, las desconfianzas como los acuerdos ante lo dicho por parte de los académicos, muestra un territorio de oportunidades para resignificar los resultados de una investigación que ha hecho sus primeros ejercicios de ordenamiento, pero que ha producido tanta información que obliga a diseñar mecanismos distintos para su divulgación o aprovechamiento académico.

Por ello, cuando se nos ha preguntado sobre lo que viene a continuación, el grupo Comunicación y Estudios Emergentes (Cyesem), al que pertenezco y coordino actualmente, sabe de la oportunidad que representa acercarse a los diversos sectores sociales para no sólo compartir hallazgos sino para establecer vínculos que generen proyectos de colaboración que contribuyan a atender aspectos relacionados con una educación para la ciudadanía, una alfabetización mediática y tecnológica o con el reconocimiento a la diversidad, la pluralidad y la desigualdad social, ejes de análisis pero también tópicos de interés que fueron tratados en la investigación que sobre Medios de Comunicación Masiva y democracia en la conurbación Veracruz- Boca del Río, hiciéramos a lo largo de un año y medio de trabajo.

Esperamos volver sobre otros pormenores de esta experiencia pronto.